Por: Juan Dionicio Tavarez
Los líderes que navegan hacen mucho más que controlar la dirección en
que viajan ellos y su gente. Ven todo el viaje en su mente antes de zarpar del
muelle. Tienen una visión de su destino, entienden lo que les tomará llegar
allá, saben lo que necesitarán en su tripulación para tener éxito, y reconocen
los obstáculos antes que aparezcan en el horizonte…
Ley de la navegación, 21 leyes irrefutables del liderazgo John C.
Maxuell.
El año pasado cuando leí por
primera vez este fragmento del libro citado, confieso que no entendí mucho.
Hoy
día me doy cuenta de la importancia de conocer todos los pormenores posibles
antes de iniciar el viaje a nuestro destino.
Cuando no entendemos la “ley de
la navegación”, iniciamos nuestros proyectos basados sólo en un deseo, una
inspiración o aspiración. Es posible que lleguemos por casualidad a nuestro
destino o porque contamos con un “navegante” en nuestro equipo que hace el
trabajo por nosotros.
El buen navegante puede haber ido
o no a ese destino, pero lo más importante es que tenga la habilidad de
conseguir toda la información necesaria para crear un mapa que lo lleve a su
destino con seguridad y salvando los obstáculos conocidos.
Según los libros académicos de
historia, Colón quería llegar a las indias por una ruta alterna, pero no tomó
el primer barco y se fue, sino que visitó a un experto en rutas quien le dio
las instrucciones de cómo podía llegar de manera segura a su destino.
Se preparó con todo lo que podía
necesitar en el viaje y no llevó uno sino tres barcos. Además firmó un contrato
o convenio con los reyes católicos para sacar el mayor partido en beneficios de
lo que consiguiera en el viaje.
Al igual nosotros al iniciar un
proyecto debemos trazar una ruta clara hasta nuestro destino con todos los
pormenores posibles, especialmente si tenemos un equipo a cargo. Nuestro equipo
debe sentir la seguridad de que lo llevaremos al éxito, no por lo motivador de
nuestras palabras sino por su claridad y conocimiento del camino hacia el
mismo.
Hoy reconozco que, como soy un soñador
innato, en todos mis proyectos traté de llegar a mis metas basándome solo en mi
capacidad de persuadir y motivar a las personas. En mi habilidad para
desarrollar buenas relaciones.
Ahora entiendo que la gente que
me ha acompañado a lo largo de este trayecto se hubiese quedado hasta el final
si les hubiera presentado un plan claro y preciso de cómo alcanzar esas metas
que les propuse.
En la familia, en el trabajo, en
la iglesia, en los negocios debemos ser excelentes navegantes. Contar con toda
la información y los instrumentos para definir el destino, trazar el camino y
poder dirigir el rumbo eficazmente logrando el éxito personal que se convierte
en éxito colectivo cuando todos llegamos juntos.

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