viernes, 14 de febrero de 2014

¿Sabes cómo llegar donde vas?

Por: Juan Dionicio Tavarez

Los líderes que navegan hacen mucho más que controlar la dirección en que viajan ellos y su gente. Ven todo el viaje en su mente antes de zarpar del muelle. Tienen una visión de su destino, entienden lo que les tomará llegar allá, saben lo que necesitarán en su tripulación para tener éxito, y reconocen los obstáculos antes que aparezcan en el horizonte…
Ley de la navegación, 21 leyes irrefutables del liderazgo John C. Maxuell.

El año pasado cuando leí por primera vez este fragmento del libro citado, confieso que no entendí mucho. 
Hoy día me doy cuenta de la importancia de conocer todos los pormenores posibles antes de iniciar el viaje a nuestro destino.

Cuando no entendemos la “ley de la navegación”, iniciamos nuestros proyectos basados sólo en un deseo, una inspiración o aspiración. Es posible que lleguemos por casualidad a nuestro destino o porque contamos con un “navegante” en nuestro equipo que hace el trabajo por nosotros.

El buen navegante puede haber ido o no a ese destino, pero lo más importante es que tenga la habilidad de conseguir toda la información necesaria para crear un mapa que lo lleve a su destino con seguridad y salvando los obstáculos conocidos.

Según los libros académicos de historia, Colón quería llegar a las indias por una ruta alterna, pero no tomó el primer barco y se fue, sino que visitó a un experto en rutas quien le dio las instrucciones de cómo podía llegar de manera segura a su destino.

Se preparó con todo lo que podía necesitar en el viaje y no llevó uno sino tres barcos. Además firmó un contrato o convenio con los reyes católicos para sacar el mayor partido en beneficios de lo que consiguiera en el viaje.

Al igual nosotros al iniciar un proyecto debemos trazar una ruta clara hasta nuestro destino con todos los pormenores posibles, especialmente si tenemos un equipo a cargo. Nuestro equipo debe sentir la seguridad de que lo llevaremos al éxito, no por lo motivador de nuestras palabras sino por su claridad y conocimiento del camino hacia el mismo.

Hoy reconozco que, como soy un soñador innato, en todos mis proyectos traté de llegar a mis metas basándome solo en mi capacidad de persuadir y motivar a las personas. En mi habilidad para desarrollar buenas relaciones.

Ahora entiendo que la gente que me ha acompañado a lo largo de este trayecto se hubiese quedado hasta el final si les hubiera presentado un plan claro y preciso de cómo alcanzar esas metas que les propuse.

En la familia, en el trabajo, en la iglesia, en los negocios debemos ser excelentes navegantes. Contar con toda la información y los instrumentos para definir el destino, trazar el camino y poder dirigir el rumbo eficazmente logrando el éxito personal que se convierte en éxito colectivo cuando todos llegamos juntos.


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