Por: Juan Dionicio Tavárez
¿Cómo te sientes al respecto? ¿Te
sientes cómodo al dar esta respuesta? ¿Cuántas cosas has dejado de hacer por no
tener el dinero para invertir en ellas? ¿Qué estás haciendo para cambiar esta
realidad?
Recuerdo el día que decidí dar el
paso e iniciarme en esta industria. Sentía una gran rabia, tenía veinte años
trabajando, había cambiado de empleo dos veces y había iniciado negocios de
diferentes tipos.
Todos estos años aspiraba a
lograr un equilibrio entre el tiempo que le invertía al trabajo y el dinero que
recibía a cambio. Esto nunca fue posible debido a que ambos estaban muy
ligados: si quería más dinero, tenía que sacrificar más tiempo.
A pesar de esta fórmula que
parece tan sencilla, la proporción de dinero que conseguía no se correspondía
con el sacrificio de tiempo o el esfuerzo que invertía en estos empleos o
negocios.
Es por esto que un día dije “BASTA”.
Recordé aquella frase atribuida a Albert Einstein: “no se pueden obtener
resultados diferentes haciendo lo mismo”. Dediqué unos días a evaluar mis
opciones y por primera vez observé con seriedad la empresa de redes en la que
se había afiliado mi esposa.
Estudié sus productos y me di
cuenta de que eran únicos, de muy buena calidad y con un aval de miles de recomendaciones
alrededor del mundo (esta es la gran ventaja del internet). Estudié su forma de
pago y me sorprendí de lo que se podía lograr en relativamente poco tiempo.
Digo relativamente porque hay una
mala percepción, que es además un mito y una leyenda, de que a través de este
tipo de negocio se hace dinero fácil, que te harás rico de la noche a la mañana
y peor aún, que esto se hará sin trabajar. FALSO.
El negocio de redes, al igual que
todo negocio, necesita de tiempo, esfuerzo, enfoque, coraje, sacrificios,
dinero y trabajo en equipo. La diferencia es que te respalda una compañía con
una infraestructura mundial, excelentes productos y un plan de incentivos que
te pueden hacer libre financieramente.
Otro de los aspectos que estudié
muy detenidamente fue las personas con las que me asociaría. Aunque confío
ciegamente en el sexto sentido de mi esposa, quise explorar este aspecto y fue
otra gran sorpresa: me encontré con personas de principios y valores, gente de
carne y hueso, excelentes amigos dispuestos a ayudarme a lograr mis metas y
aspiraciones.
Luego de observar estos puntos,
me asesoré sobre la cantidad de dinero a invertir y pagué con la tarjeta de
crédito. Porque yo, al igual que tú, tampoco tenía dinero para invertir. Tenía
muchas deudas, pero sabía que esta era una deuda buena, que era una inversión.
Después de ese día he seguido
invirtiendo y doy fe y testimonio de que lo que he vivido en este negocio vale
cada centavo que he gastado porque me ha transformado, me ha dado calidad de vida,
seguridad y por primera vez la esperanza de salir del hoyo financiero.


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