miércoles, 5 de marzo de 2014

¿No tienes dinero para invertir?

Por: Juan Dionicio Tavárez

¿Cómo te sientes al respecto? ¿Te sientes cómodo al dar esta respuesta? ¿Cuántas cosas has dejado de hacer por no tener el dinero para invertir en ellas? ¿Qué estás haciendo para cambiar esta realidad?

Recuerdo el día que decidí dar el paso e iniciarme en esta industria. Sentía una gran rabia, tenía veinte años trabajando, había cambiado de empleo dos veces y había iniciado negocios de diferentes tipos.

Todos estos años aspiraba a lograr un equilibrio entre el tiempo que le invertía al trabajo y el dinero que recibía a cambio. Esto nunca fue posible debido a que ambos estaban muy ligados: si quería más dinero, tenía que sacrificar más tiempo.

A pesar de esta fórmula que parece tan sencilla, la proporción de dinero que conseguía no se correspondía con el sacrificio de tiempo o el esfuerzo que invertía en estos empleos o negocios.


Es por esto que un día dije “BASTA”. Recordé aquella frase atribuida a Albert Einstein: “no se pueden obtener resultados diferentes haciendo lo mismo”. Dediqué unos días a evaluar mis opciones y por primera vez observé con seriedad la empresa de redes en la que se había afiliado mi esposa.

Estudié sus productos y me di cuenta de que eran únicos, de muy buena calidad y con un aval de miles de recomendaciones alrededor del mundo (esta es la gran ventaja del internet). Estudié su forma de pago y me sorprendí de lo que se podía lograr en relativamente poco tiempo.

Digo relativamente porque hay una mala percepción, que es además un mito y una leyenda, de que a través de este tipo de negocio se hace dinero fácil, que te harás rico de la noche a la mañana y peor aún, que esto se hará sin trabajar. FALSO.

El negocio de redes, al igual que todo negocio, necesita de tiempo, esfuerzo, enfoque, coraje, sacrificios, dinero y trabajo en equipo. La diferencia es que te respalda una compañía con una infraestructura mundial, excelentes productos y un plan de incentivos que te pueden hacer libre financieramente.

Otro de los aspectos que estudié muy detenidamente fue las personas con las que me asociaría. Aunque confío ciegamente en el sexto sentido de mi esposa, quise explorar este aspecto y fue otra gran sorpresa: me encontré con personas de principios y valores, gente de carne y hueso, excelentes amigos dispuestos a ayudarme a lograr mis metas y aspiraciones.

Luego de observar estos puntos, me asesoré sobre la cantidad de dinero a invertir y pagué con la tarjeta de crédito. Porque yo, al igual que tú, tampoco tenía dinero para invertir. Tenía muchas deudas, pero sabía que esta era una deuda buena, que era una inversión.

Después de ese día he seguido invirtiendo y doy fe y testimonio de que lo que he vivido en este negocio vale cada centavo que he gastado porque me ha transformado, me ha dado calidad de vida, seguridad y por primera vez la esperanza de salir del hoyo financiero.

Si no tienes dinero para invertir, bienvenido al negocio perfecto.

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