Por Juan Dionicio Tavárez
El network marketing es una
escuela de liderazgo. Tengo una opinión muy particular: así como la industria
de manufactura influyó introduciendo los conceptos de calidad y estandarización
en prácticamente todas las actividades y productivas, el network marketing
terminará por ser el lugar donde se fragüe el liderazgo del futuro. Las
primeras semillas de una nueva generación con principios y valores orientada a
resultados.
El punto es que las estructuras
de nuestros negocios no están constituidas por un producto o por máquinas,
están compuestas de gente, de voluntades y para conducir a la gente a través
del camino del mercadeo en red hay que desarrollar las habilidades de liderazgo
y reconocer el verdadero valor de las personas.
El ser humano tiene un valor
intrínseco, independiente de cualquier condición de status material, nivel
cultural, actitudes, conductas, opiniones, ideología, fe o nacionalidad. Este
valor lo hace dueño de su capacidad de evaluar y tomar la mejor decisión para su
futuro. Muchos, cuando nos iniciamos en esta industria, queremos evaluar
nuestros resultados en base a la gente con quien hemos hablado y comenzamos a
etiquetar a todos: “no tiene visión”, “no está comprometido con su futuro”, “no
tiene potencial”, “no tiene seguridad en sí mismo”, “que pena que no lo ve”,
etc.
Y lamentablemente, no nos damos
cuenta que somos nosotros, al momento de acercarnos a los demás quienes
activamos los mecanismos de prejuicio que nos motivan a considerar a una
persona buena o mala para el negocio.
Ser profesional en network
marketing implica trascender los prejuicios personales valorando a cada ser
humano como lo que es: un ser único e irrepetible tan valioso como la vida
misma y capaz de desarrollar su potencial a niveles insospechados. Por lo
tanto, de manera imparcial presentamos nuestra oportunidad tratando de
identificar, no la manera en que podemos convencerle, sino la manera en que
podemos servir a sus necesidades actuales y futuras a través de nuestra
empresa.
El no juzgar nos ayuda a mantener
relaciones sanas y estables con la gente que terminará por convertirse en la
materia prima para una red bien fundamentada, orientada al crecimiento personal
y organizacional y sobre todo productiva para todos sus miembros.

Muy buen punto. A veces somos nosotros mismos que nos autosaboteamos pensando cosas que no son.
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